Cerrar puertas

Las cosas se alejan de uno en silencio, susurrando una promesa de olvido, pero nunca la victoria. Porque vencer es no haber vivido, y aquí todos tenemos un 70% de lágrimas en el cuerpo. Somos un dolor que respira, belleza y palabra encerrada. Amor imperfecto.

Cuando las cosas se acaban, la derrota se hace más grande. El horizonte mengua y empezar de nuevo deja de ser una esperanza para formar parte del recuerdo o la juventud. La voluntad permanece firme, pero la fe expira al tercer fracaso.

Y cierras la puerta, sabiendo que las heridas no lo hacen, aunque la distancia sea la excusa perfecta para creerlo.

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Tabula rasa

Una intención, un escudo, una huida o un quizá. La mentira, la traición. Un sí postergado. Y el mundo sobre un damero. Es el corazón el que nos engaña. Dime qué me das y te diré cuánto te quiero. Ayer es un tiempo lejano que no llena mis manos, una excusa para quienes han perdido. El olvido como moneda de cambio, la raíz de la negación que me hiere, todas las cosas con las que duermo pero aborrezco. Ahora, o será tarde para esta instantaneidad que me abriga. Conmigo o contra mí. Tú, pero solo la parte que ríe. Lo demás, solo palabras.

 

Isgadreth (I)

Kokoro

Bajo la curvatura inmensa de un ala de cuervo, el hombre diluía sus ojos en la belleza concéntrica de la sangre aniquilada. La voluntad se arrastraba como un arrecife herido, hasta besar la oscuridad de los alacranes en el horizonte. El ruido rojo se desplomaba sobre el plano de hormigón y los recuerdos se mutilaban buscando la supervivencia. Detrás de él, la anomia, el abismo amorfo, el pulso sin sentido.

Lítost

Cuando miro al suelo, las tardes en las que las palabras son imposibles, sólo veo la sombra de los erizos y sus raíces en los labios de todos aquellos que fingen la abolición de las grietas. Confundimos cercanía con anillos, pero sólo hay soledad a penas compartida. Por eso la decepción.

Variación sobre el Guernica

Ahora que los delfines se desploman

y la tinta se seca sobre los esqueletos

acudo a la flor

o a la espada rota del soldado.

Ahora que el futuro ha dejado de menguar

y las riendas vuelven con dientes a mis puños,

ahora que atrás queda la muerte

con sus manos cuajadas de mis venas,

busco al toro que ampara

a esa madre que llora

por su hijo asesinado.

 

Sé que volverán las flechas sobre la paloma

y no habrá lámpara o quinqué

que me libre de la oscuridad de ese fuego

hambriento de muros y de carne.

Sé que no podré evitar la huida

desgajada a caballo sobre la hoz,

ni esperar que el azul agonice

para ofrecerme un abrazo

después del fin de la derrota.

 

No siempre hay cima o salida,

porque lo único que hice

fue acercarme a una pared para llorar:

no son los ladrillos ni el lienzo

la cadena que nos ancla a los grises

sino la promesa de la niñez

que creímos esperanza.

Aceptar los barrotes

es dar caza a la luz:

el amor no nos salvará

pero es nuestro mejor llanto

para limpiarnos de tierra.

 

Meditación intempestiva

A veces los demás son un refugio, un consuelo, el espejo perfecto que distorsiona nuestra imagen y consigue calmar el corazón. Pero la soledad desanuda las mentiras y nos desarma con la sencillez de una pregunta. Siempre la misma pregunta. No importan las palabras compartidas por los labios, las manos que se encuentran cuando el dolor es zozobra. Al final, pesa más lo que callamos.

El silencio es una forma de llegar al olvido

y la decepción que escarba incesante en el pecho

hasta que el arrepentimiento deja paso a la nieve.

Nadie sabe cuál es el ajedrez de nuestros gestos, ignoran el sutil desaliento que se asoma por la complicidad desgastada, el abrazo que cada día abre más grieta y consume el camino que andamos juntos. Es el arte de la imagen, el maquillaje de la herida. Cinismo.

Vivimos aislados

en una caja de calcio que confundimos con el mundo,

engañados por la satisfacción de los instantes,

siempre heridos

por ese vacío con el que nos arrastramos hacia la nada.

Pasar página

Detrás,

otro desierto donde mis fuerzas

se hicieron inútil sombra que miente,

donde el amor fue la raíz del miedo

incapaz de gemir latido,

donde se impuso la certeza terrible

de la eternidad de la derrota

y la victoria como fugaz sosiego para el orgullo.

 

Ahora que vuelvo a perder sin remedio

y que mis lágrimas ya alimentan las ruinas

de los suspiros que entierran los sueños,

giro la esperanza y los puños

hacia esa luz exánime por mi voluntad susurrada.

 

De la sombra que hoy me desdibuja

surgiré con bridas sobre el cansancio,

para alcanzar una nueva voz de bronce

que abrace una sangre manchada de futuro.

 

Volveré,

sin permitir que mis heridas

sean el corazón que atormente mis manos.