Las razones del sinsentido: Barcelona

El horror, la rabia y la impotencia que dejan las muertes tras un atentado terrorista no deberían cegar la capacidad de análisis de la sociedad. Los sentimientos no deberían utilizarse como escudo para defender cualquier tipo de opinión e ideología con más raíz en las entrañas que en el cerebro. No deberían utilizar a los muertos para seguir alimentando las mentiras que sustentan ese odio que sigue reclamando más muertos. No, aunque ese sea tu negocio.

A río revuelto ganancia de pescadores. Con cada atentado yihadista emergen los fascistas, los racistas, los xenófobos y los islamófobos, también los cínicos, los hipócritas, los impostores, los “buenistas” y los equidistantes. Los ignorantes y los que deciden ignorar. Todos unidos por la insultante superficialidad de sus charcos ideológicos, tratanto de movilizar a la masa consternada para manipularla y sacar renta de su miedo.

La pregunta fundamental en todo este vértigo es: ¿Por qué el Estado Islámico atenta contra Europa? Y la respuesta que encontramos en la televisión, en redes sociales y en cafeterías es la penosa fotografía que advierte que no nos estamos enterando de nada. No, no se trata de una guerra de religiones, esto no es una “contracruzada” del Islam contra el Cristinanismo (¿no se supone que los estados europeos son laicos?¿O no queremos admitir que en realidad somos la Unión Económica de las Élites Cristianas de Europa?), aunque los verdaderos asesinos utilizan la religión para manipular a sus futuros sicarios. No, no se trata de un afán islámico por acabar con las democracias occidentales, la Primavera Árabe fue una muestra de que los pueblos del Norte de África y de Oriente Medio, la mayoría de ellos musulmanes, exigen más libertad, justicia y democracia, aunque hayan sido nuevamente acallados a través de la violencia y con la connivencia de Occidente. No, no es un problema de la inmigración, ¿o fuimos los españoles a Alemania para atentar contra su sistema? Huíamos de la miseria, de la violencia, del hambre y de la muerte, los mismos demonios que persiguen a todos aquellos que están muriendo en el Mediterráneo. ¿No era Franco español y siguió un diseño de exterminio de otros españoles para imponer su ideología? ¿O también era “un moro”?

La razón del sinsentido de los atentados como el de Barcelona radica en nuestro modo de vida, en cómo se sustenta el sistema: para que nosotros podamos vivir en la comodidad, la abundancia y el capricho, otros tienen que morir o vivir de forma miserable. Y encima, exigimos que acepten esa posición y no nos molesten. Las excusas: todos los “argumentos” anteriores. Esta guerra es un tentáculo más del capitalismo, una lucha por el dinero, los recursos y el poder. Una espiral de odio, rencor y esperanza de venganza, que ninguna de las élites que empezaron y sostienen esta guerra, paga con su sangre. Sólo nosotros. La historia está para aprender de ella, el olvido para manipularla. Por mucho que nos cueste aceptarlo, aunque ninguno de nosotros merezcamos la muerte por ello, tenemos nuestra parte de responsabilidad. Nos hemos acomodado, luego el sistema ha cumplido bien su función. Hasta que no hagamos autocrítica y exijamos a nuestros gobernantes un cambio en las políticas que nos han llevado y nos seguirán llevando a más odio y más muertos, nada cambiará. ¿Ha cambiado algo con los lazos en el Facebook, con las flores en los lugares de la muerte o con las vigilias de silencio? ¿Ha cambaido algo con más bombardeos, guerras, exclusión y cierres de fronteras? Si algo de eso funcionara, ya lo habría hecho. Quizá es hora de empezar a exigir una nueva política, ser responsables y conscientes de nuestra posición en el mundo, hacer algo más que llorar y dar pataletas para a los tres días seguir generando memes por Twitter, hablar de fútbol o de Juego de Tronos por Facebook y seguir colgando fotos de los estupenda que es nuestra vida por Instagram.

La nostalgia de las calles

 

Las lágrimas son la certeza de lo imposible,

y en esa herida

se forja la verdad o la memoria,

el norte de nuestro miedo

o la humillación de esa caricatura

que los demás creen que somos.

Y fingimos hasta confundir

el eco con la palabra,

la sombra con la sangre.

Entonces, hemos perdido.

Porque si nuestra voluntad

hinca las rodillas frente a otros ojos,

¿qué nos diferencia de las cosas muertas?

Las estanterías están colmadas

de muñecos rotos y olvidados,

de melancolía.

Las calles,

echan de menos a los hombres.

Egoísmo cotidiano

La pena es un espectáculo que consumimos cuando grita en los demás.

 

El sol susurraba en sus ojos después de tanta sombra y candado. Ahora su historia quedaba limpia para los demás, a pesar de que seguía siendo la misma cicatriz emborronada por el llanto. Era un castigo de silencio, la humillación del olvido. ¿Cuántas veces lo había hecho él?

 

Pasar página

Detrás,

otro desierto donde mis fuerzas

se hicieron inútil sombra que miente,

donde el amor fue la raíz del miedo

incapaz de gemir latido,

donde se impuso la certeza terrible

de la eternidad de la derrota

y la victoria como fugaz sosiego para el orgullo.

 

Ahora que vuelvo a perder sin remedio

y que mis lágrimas ya alimentan las ruinas

de los suspiros que entierran los sueños,

giro la esperanza y los puños

hacia esa luz exánime por mi voluntad susurrada.

 

De la sombra que hoy me desdibuja

surgiré con bridas sobre el cansancio,

para alcanzar una nueva voz de bronce

que abrace una sangre manchada de futuro.

 

Volveré,

sin permitir que mis heridas

sean el corazón que atormente mis manos.

Ambición y acoso

Confundir honestidad con soberbia, responsabilidad con cinismo, vivir con hacer, es ser mezquino sobre todas las cosas. Porque no es torpeza nacida de la inocencia o el desconocimiento, sino ruindad que parte de quien se sabe impune. Cerrar el camino de otros es errar el propio: nunca sabes cuándo llegará quien no tema perder, quien sea peor que tú, aquel que te lance por las mismas escaleras por las que hiciste rodar a los demás.

 

PSOEcentrísmo

El cinismo del PSOE no tiene límites. Ahora se escudan en las formas para no apoyar la moción de censura de Podemos, olvidando la moción de censura de Felipe González a la UCD en la que tampoco tenía mayorías. Hablan de la falta de credibilidad de Pablo iglesias, cuando su partido sí que está con sus bases y no da golpes de estado para acallar a su militancia. Un partido como el PSOE que tantos años ha estado en el gobierno y sólo se ha acordado de los obreros cuando estaba en la oposición, pero en el poder, apoyaban y apuntalaban los privilegios de toda la herencia franquista. Acusan a Podemos de apoyar al PP, cuando el PSOE fue quien se abstuvo para darle el gobierno a Mariano Rajoy. Hablan de una moción de censura para hacerles daño, cuando lo que se quiere es salvar esas instituciones y este país con el que tanto se llenan la boca en su propaganda, cuyos puestos han ocupado y en los que también han cometido latrocinios y desde los que han ignorado a la clase obrera. No, no se trata de un ataque al PSOE, no se trata de teatro, se trata de política para el pueblo, algo que hace mucho que dejaron de hacer para sustentar a los poderosos que les aseguran unos privilegios que no están dispuestos a perder. No se trata del PSOE, se trata de acabar con el Régimen del 78, con la falta de democracia, con la corrupción, con la reforma de las instituciones. Y se está a favor o en contra. Ellos ya han elegido.

Cómo defender las cosas

El diálogo ha muerto. Se ha confundido discusión con pelea, argumento con persona, y el respeto se ha sustituido por la negación. El insulto, el desprecio y la ordinariez son ahora la bandera. Conmigo o contra mí. Un discurso bien articulado parece exigir demasiado tiempo, las razones son  vistas como sinónimo de pedantería. Demasiado esfuerzo para obtener satisfacción. Es más fácil encontrarlo en la inmediatez, la derrota y la humillación. Porque se trata de ganar, de ser mejor y que te lo reconozcan públicamente. Sólo importa la lucha que satisface al ego. Atrás queda el aprendizaje, la empatía, la superación y el consenso. No hacen falta, porque ya está todo aprendido, entendido y se conoce a la perfección la verdad. Todo es infantil, sin raíz, estereotipado. Es un callejón sin salida, porque ¿cómo defender las cosas si lo único que tiene valor es el orgullo?