PSOEcentrísmo

El cinismo del PSOE no tiene límites. Ahora se escudan en las formas para no apoyar la moción de censura de Podemos, olvidando la moción de censura de Felipe González a la UCD en la que tampoco tenía mayorías. Hablan de la falta de credibilidad de Pablo iglesias, cuando su partido sí que está con sus bases y no da golpes de estado para acallar a su militancia. Un partido como el PSOE que tantos años ha estado en el gobierno y sólo se ha acordado de los obreros cuando estaba en la oposición, pero en el poder, apoyaban y apuntalaban los privilegios de toda la herencia franquista. Acusan a Podemos de apoyar al PP, cuando el PSOE fue quien se abstuvo para darle el gobierno a Mariano Rajoy. Hablan de una moción de censura para hacerles daño, cuando lo que se quiere es salvar esas instituciones y este país con el que tanto se llenan la boca en su propaganda, cuyos puestos han ocupado y en los que también han cometido latrocinios y desde los que han ignorado a la clase obrera. No, no se trata de un ataque al PSOE, no se trata de teatro, se trata de política para el pueblo, algo que hace mucho que dejaron de hacer para sustentar a los poderosos que les aseguran unos privilegios que no están dispuestos a perder. No se trata del PSOE, se trata de acabar con el Régimen del 78, con la falta de democracia, con la corrupción, con la reforma de las instituciones. Y se está a favor o en contra. Ellos ya han elegido.

Cómo defender las cosas

El diálogo ha muerto. Se ha confundido discusión con pelea, argumento con persona, y el respeto se ha sustituido por la negación. El insulto, el desprecio y la ordinariez son ahora la bandera. Conmigo o contra mí. Un discurso bien articulado parece exigir demasiado tiempo, las razones son  vistas como sinónimo de pedantería. Demasiado esfuerzo para obtener satisfacción. Es más fácil encontrarlo en la inmediatez, la derrota y la humillación. Porque se trata de ganar, de ser mejor y que te lo reconozcan públicamente. Sólo importa la lucha que satisface al ego. Atrás queda el aprendizaje, la empatía, la superación y el consenso. No hacen falta, porque ya está todo aprendido, entendido y se conoce a la perfección la verdad. Todo es infantil, sin raíz, estereotipado. Es un callejón sin salida, porque ¿cómo defender las cosas si lo único que tiene valor es el orgullo?

 

¿Dónde está la razón?

Podría afinar las palabras

con cada cuerda de un violín desesperado

y levantar el verbo como una espada de dos filos

que no dejara sombra de sed sobre la tierra.

Pero los laureles no están detrás de las lágrimas

de quienes envenenan la esperanza o la sangre,

sino acunados en los ojos sonrientes

de aquellos que esperan sin pedir dinero a cambio.

Porque la victoria nunca estuvo en la razón

sino en quienes te acompañaron en la derrota.

Sobre Europa

Nos han domesticado para estar pendientes de los pequeños problemas individuales e ignorar los grandes comunes: los primeros se solucionan con trabajo, dinero, amor o hijos; los segundos son lejanos e irresolubles. Hemos incorporado a nuestra idiosincrasia la gran mentira de ser el oasis de los derechos humanos, la ética del mundo. Porque tenemos el dinero suficiente para dar limosna y acabar de limpiarnos la conciencia por si las palabras no nos bastan. Juzgamos al resto del mundo con la simpleza infantil de los ignorantes o los necios, olvidando que lo que ocurre además de ser una desgracia, es una consecuencia por ser unos desgraciados: el dolor no sólo está en la pérdida de la vida de cristianos blancos, sino también en los pueblos masacrados para abaratar las necesidades artificiales de esta burbuja que llaman primer mundo. Pero es más fácil ser víctima y exigir venganza.

Europa, cada vez más, me recuerda a Estados Unidos, aunque más pretenciosa.

[Permitir…]

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Permitir que el olvido barra las heridas para alargar la sensación de comodidad y pertenencia, que el autorretrato se diluya en una caricatura. Es la reducción de la vida al teatro de polichinela. Perderse en la rutina hasta que aparezca el dolor que alerta de las exigencias de la soledad, hasta que llega la decepción o la proximidad al vacío. Y ver cómo la boca del abismo sobre el que estás suspendido mira muy dentro, más allá de las cuencas: recuerdos, vértigo y claustrofobia.

(El equilibrio se recupera con lágrimas y vómito)

Ser libre, estar solo (y III)

(Nadie sabrá del cementerio que suspira entre mis sienes)

No quiero seguir ese camino colmado de huellas en el que hay más arrepentimiento que abrazos, ni ese reloj o caudillo que os permite escoger el número de serie de vuestras decisiones programadas. No creo en la felicidad de talla única ni en las sonrisas rutinarias con las que disimuláis el vacío. No entiendo la vida como un conjunto de reglas, sino de elecciones.

La libertad es la sangre que arranca mi voluntad del mundo. Y también todos los barrotes que he tenido que aceptar mientras mis rodillas aprendían a comer tierra. Tan abiertas están mis alas como canales de mis ojos han ordeñado. Por eso el silencio, el ábaco y el hielo.

No puedo prometeros otro amanecer recién cortado, a penas esta ternura arrinconada entre tanta herida. No puedo ofreceros la belleza o el punto de fuga de un paisaje tendido en el horizonte, sólo ruinas aplazadas y olvido. Pero, si me dejáis, puedo admitir la esperanza.

Mientras tanto, sigo solo, pero soy libre.

Ser libre, estar solo (Intersticio)

El fracaso está a la altura de nuestras fuerzas, la decepción siempre más allá de nuestra esperanza.

Buscar entre los hombres es encontrar las mentiras que no esconden su mezquindad, una pregunta colmada de mordazas que precede a las costuras de sus grietas o el olvido. Porque se masturban con la misma mano con la que cierran tratos y besan con la misma boca con la que te escupen. ¿A qué tanta mueca si guardáis en los bolsillos todas las facturas de la gente que habéis vendido? ¿A qué tanto grito si es la vergüenza la que os ahoga de silencio cuando os tropezáis con un espejo o una almohada incómoda?

Pero yo no he venido aquí a hablar de otros, no a olvidar la raíz quemándome con la rabia.