No lo de siempre

Más allá de la reflexión, es necesaria la acción. Hay que cerrar un ciclo y empezar uno nuevo. Sí, las guerras intestinas han pasado factura, también los medios de comunicación prostituidos al mejor postor y las cloacas del estado. Pero más allá del contexto o la excusa no se puede soslayar que:

  • Los egos han contribuido a la desafección de la gente que tenía ilusión por un grupo de políticos que no buscaba el sillón o los galones de la batalla. No ha sido así, luego deben marcharse si les importa el proyecto o asumir la decadencia y la desaparición.
  • La unión de Podemos con IU no ha obtenido los resultados esperados. Unos no aceptan la radicalización con los comunistas, otros aborrecen la nueva izquierda más allá del puñito en alto. Refundación o separación.
  • La demagogia puntual y la condescendencia de la clase burguesa con conciencia social, no es suficiente para convencer al pueblo salvo que tengas detrás las siglas del PSOE. Hay que cambiar de discurso, porque no llega y/o no se entiende.
  • La sociedad no está preparada para una lucha a largo plazo. O se obtienen resultados inmediatos o, como se ha demostrado, la maquinaria del régimen del 78 hará que todo vuelva a su sitio: voto útil. Hay que aceptar que un país descendiente directo del fascismo y cuyas intituciones son herederas del mismo, va a elegir siempre lo malo conocido. Hablando en plata: a joderse. No vivimos para salvar a nadie.

Toca hacer algo, pero no lo de siempre.

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El armadillo que se creía erizo

Primero hay una oportunidad, luego viene una traición”

No pudiste proteger a nadie. El silencio no te sirvió como escudo contra las lágrimas, sino como raíz para el orgullo que desprecia toda memoria. Y es que nadie habla desde la fragilidad, sino desde las almenas. Por eso el olvido dio paso a las dudas y la justicia se confundió con la hemorragia. Perdiste la inocencia, luego la misericordia. Y todo lo que debió debió ser lealtad, terminó en error.

Lo sucedido dejó de importar. Ya solo se escucha esa parte del recuerdo con la que las heridas parecen más pequeñas. Solo pesa lo que hace sangre, porque faltan cojones para admitir una esperanza. Pero las excusas se agotan y, tarde o temprano, todos acabaremos frente al espejo y nuestra vergüenza. Después el arrepentimiento y el reescribir la historia.

Herir o se herido desembocan en el mismo daño: la soledad. Por eso creíste ser un erizo y su dilema, cuando eras voluntad y digno armadillo.

No puedo escuchar lo que dices

Lo que haces habla tan fuerte, que no puedo escuchar lo que dices”. Ralph Waldo Emerson


El fascismo vuelve sin bozal ni correa a Andalucía, esa tierra que codician y odian a partes iguales. Y vuelve de manos de una democracia que permite la existencia de partidos políticos que defienden el odio, la confrontación, la lucha por la abolición de libertades para determinados grupos y la supremacía para otros, pero que es incapaz de encajar partidos democráticos que defienden nacionalismos distintos al español, hasta el punto de ilegarlizarlos. Una democracia que demuestra su falta de madurez y ética, su cinismo, al negarse a aislar a estos partidos e incluso pactar con ellos en nombre de la pluralidad y la legitimidad, cuando en el fondo solo buscan alzanzar la cuota de poder que exige su avaricia.

Firma del acuerdo entre PP y Vox de cara a la investidura de Juanma Moreno como presidente de la Junta de Andalucía
Firma del acuerdo entre PP y Vox de cara a la investidura de Juanma Moreno como presidente de la Junta de Andalucía. Jesús Prieto | Europa Press

Y más allá de la avidez de sus deseos, PP y C’s retratan su corazón fascista entregándose a un pacto con VOX: unos firmándolo con tinta, otros, con su silencio. Todo sea por los sillones, por el trono. Y lo hacen a través de algunas medidas como las siguientes:

  • Protección de los toros, la caza y reforma fiscal. Siguen anclados en los tópicos de la Andalucía del S. XIX, con los gustos y caprichos de los señoritos andaluces, la Andalucía explotada y muerta de hambre en la que solo la élite disfrutaba, esa que adoran y a la que quieren volver. Dan así la espalda a una sociedad en cambio que ya no acepta mayoritariamente el maltrato animal como una seña de identidad y la niegan defendiendo a una minoría en extinción de la que quieren hacer ley. Defienden a esa minoría adinerada que debe seguir engordando su patrimonio y privilegios a costa de la pobreza de la mayoría. Esa es su justicia social.
  • Derogación de la ley de memoria histórica. Quieren borrar el pasado, negar el genocidio que se cometió en España, con particular virulencia en Andalucía. Son unos negacionistas, unos revisionistas, los sucesores de aquellos que exterminaron a toda aquella persona que pensaba distinto a ellos. Fascistas.
  • Embarazos no deseados e identificación de inmigrantes en situación irregular. Sólo la punta del iceberg de sus políticas en contra de las mujeres, aquellas que son capaces de aceptar los PPC’s: la minoría de edad perpetua, la falta de autonomía, la imposición de una diferenciación inexistente más allá de los genitales por voluntad divina (salvo que el dinero en otro país, diga lo contrario). Una sombra de odio y menosprecio a lo diferente que también se focaliza especialmente en el colectivo inmigrante (siempre sospechoso, siempre delincuente, siempre vividor) y el LGTBI+ (los viciosos por antonomasia).

No nos podemos permitir el silencio ni el cruce de brazos. Van a por nosotros y ya sabemos que prometen esperanza para dar muerte y sufrimiento. No al fascismo, no en mi nombre, no en el de todos los muertos que todavía siguen en una cuneta.

Nombres

Los nombres son la memoria de las cosas, pero no la prueba de su existencia. Porque hay cosas que, a pesar del silencio, se hunden hasta la empuñadura y despiertan una hemorragia de esperanza que anuncia que el vértigo es ya caída. Nombres que llegan a los labios después de encoger el corazón. Nombres como cáncer.

Mi silencio

Puedo luchar contra las dudas,

pero no contra el miedo.

No contra el tuyo.

Porque el miedo es una negación sin raiz,

una ceguera,

la huída para encontrar el dolor

que explica la libertad

de estas ruinas donde nos acomodamos.

Círculo y espiral, eco.

En frente,

la impotencia de unas manos desnudas

—las del otro—,

sin arma ni escudo,

la mudez o las lágrimas.

Aquí mi soledad, mi silencio.

Y mi amor.

Arco iris roto

El 28 de junio quedó marcado oficalmente (Stonewall) como el Día del Orgullo para la comunidad LGTB+. Es un día para celebrar los derechos ganados, pero sobre todo, un día para reflexionar. Basta ya del 28J como una fiesta gaypitalista, como bien decía mi admirado Shangay Lily: una fiesta vaciada de significado que perpetua cánones heteronormativos sobre el colectivo LGTB+ a través del pinkwashing.

Como en todas las luchas sociales, todavía queda mucho camino por recorrer, y no es una frase hecha. En esta España de 2018, en la que la sociedad se llena la boca de palabras como respeto, tolerancia, igualdad y libertad, existen evidencias sangrantes, personales e institucionales, de que el colectivo LGTB+ (y por desgracia no es el único) sigue siendo castigado con violencia, con odio, con repulsa y con el peor de todos los enemigos: el silencio.

En lo personal, sigo asistiendo a bromas de amig@s sobre cómo son los maricones y cómo se comportan en el imaginario heteropatriarcal (amaneramientos, temas de conversación, perversiones, etc.), sobre cómo hay excepciones tolerables porque no son los maricones típicos (ya se sabe, esos que son, en el fondo, como las mujeres: locas, musculocas, muerdealmohadas, comepollas, etc.) o son lo suficientemente discretos para no avergonzarse de ellos (porque la pluma, por lo visto, es ignominiosa). Ofensas veladas en el marco de la confianza sobre segundos sentidos, terceras miradas y cuartas preguntas.

Quieren vendernos que hemos ganado, pero lo que están haciendo, es demoler el arcoiris.

Los unos y los otros

Las palabras en los labios de unos, sólo fueron aire que nunca buscó ser carne, a penas la sombra de una muleta, para salir del hospital y cobrar el seguro. En otros, el pulso llegó tarde a la boca y dejaron promesas zozobrando en  el tiempo, para que ahora los kilómetros, las acunen sin consuelo. Unos tienen una papelera de reciclaje, donde escupir los recuerdos que ya han consumido, una servilleta o llave inglesa, para limpiarse las lágrimas de caimán. Otros son esclavos a media jornada, de un compromiso que se desabotona, de las fotos enlatadas por una melancolía, que acabará alegremente en indifernecia. Unos y otros esculpieron esta tristeza, que siempre regresa a mis manos, cuando dejo la calculadora a un lado y simplemente decido vivir.