Cobardes

Amanecen amparados por la sombra del silencio, como un rumor de río enterrado. Usan la losa de su afonía como escudo para la inocuidad o la lágrima. Pero están levantando como hormigas una torre de miserias desde la que acabarán vomitando la culpa, en el mismo momento en el que la espada se haga  virtud y la herida pecado sobre el que establecer juicio.

Entonces, con el mascarón hecho trizas y la esperanza agotada en el último suspiro, la reciprocidad se hará deus ex machina.

Bajo las sábanas

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Bajo las sábanas, el silencio de los recuerdos y la garganta de las heridas, la esperanza de la carne que no se rinde a la soledad y las ruinas que arrastro en la sonrisa cuando despierto cada mañana. Debajo, las raíces y el laberinto de mi llanto, la flor descarada del quejido cuando te siento dentro, el abrazo amortiguado de la intemperie y este mar de colmillos que me arrodilla al insomnio. Bajo las sábanas, la oscuridad y su espejo, la certeza de la desaparición y la ilusión de su lejanía. Debajo, la vida.

Doble lectura

Primera lectura (la tuya)

Llega la victoria en un silencio que no conocieron mis lágrimas…

De repente, el amor no es suficiente -nunca lo es- y las heridas que maquillaste a fuerza de besos se vuelven a llenar de ojos que lloran sangre. De repente, el corazón vuelve a estar vacío -siempre lo está- y la soledad se hace fiebre de esa desesperación que te achica el mundo.

De repente, la vida no es tu voluntad o la mía, un vuelo limpio, sino aceptar la caída antes de llenarnos la boca de tierra.

Segunda lectura (la mía)

En el texto anterior sustituye “De repente,” por “Porque”.

La salida

Todos somos una decepción insoportable para el tiempo o la esperanza, el ala rota que promete una tierra que no traerá el descanso, sino la desaparición. Vacío y orgullo.

Por eso las palabras terminan haciéndose añicos y la carne se corta con ellas. Por eso sólo recordamos aquello que dio cimiento a las cicatrices, aunque cada noche preñemos de sonrisas las almohadas. Porque vivir es falsear la realidad a través de la memoria o el verbo, empeñarse en acomodar el corazón a una mentira que permita dar raíz al instinto.

A pesar de la voluntad que fracasa, de este aislamiento que solo nos permite ser isla y sangre derramada, el otro -tú- sigue siendo el engaño perfecto para buscar la redención, la salida o la tortura que lleva de una cruz a otra.

De nosotros

 

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Los recuerdos se envenenan con el orgullo y la esperanza. Por eso la memoria habla más de la herida, de nosotros, que de la historia. Porque el tiempo no da la razón, solo indiferencia o arrepentimiento. La primera de mano de las cicatrices, el segundo con los ojos todavía ciegos de sangre.