¿Dónde está la razón?

Podría afinar las palabras

con cada cuerda de un violín desesperado

y levantar el verbo como una espada de dos filos

que no dejara sombra de sed sobre la tierra.

Pero los laureles no están detrás de las lágrimas

de quienes envenenan la esperanza o la sangre,

sino acunados en los ojos sonrientes

de aquellos que esperan sin pedir dinero a cambio.

Porque la victoria nunca estuvo en la razón

sino en quienes te acompañaron en la derrota.

[Volveré a tu lado…]

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Volveré a tu lado con la certeza del fracaso en cada latido, pero con los ojos arrodillados a los gestos sutiles que, hoy flor y manzana en la boca, trenzarán con asombro una rutina insoportable. Dejaremos en el silencio las grandes palabras y el futuro, porque es mejor que el ahora desaparezca entre nuestros labios fundidos y no entre promesas que sólo harán más dolorosa la derrota.

Voz oscura

Cada herida tiene dos labios, pero todas la misma voz.

Has fracasado. Ni la suerte ni los esfuerzos te han llevado siquiera a una pequeña sombra de laurel que pueda aliviar tus llagas. Buscaste entre las raíces, en los ojos de otras gentes, y sólo quisiste encontrar derrotas o vísceras. A ti no te han bastado las alas de nadie para soportar la carga que te destroza las sienes, no te han bastado ni los besos ni los abrazos para arrancar de tus cimientos la soledad. Y has perdido. Sabes que no hay tumba que sacie la sangre que reclaman tus renuncias, porque las dudas siempre exigen más olvido que esperanza. Y te queda la dignidad de una voluntad con el puño en alto que el tiempo arrasará junto con todo aquello que te dio forma. Fuiste. Por eso, cada día te pesan más la ruinas y lo muertos.

Definición

A F. P. O.

Quisiera hablar del amor,

de raíces compartidas,

de cómo con el tiempo caducan las victorias

y a pesar de ello resisten los abrazos.

Quisiera hablar del recuerdo,

de una sonrisa o las manos apretadas,

contar algo más que kilómetros

y la asfixia de una vida rutinaria.

Pero sólo puedo hablar con la boca llena de hielo,

porque aunque haya palabras que nos unen,

pesa más la que nos define:

extraños.

Sobre Europa

Nos han domesticado para estar pendientes de los pequeños problemas individuales e ignorar los grandes comunes: los primeros se solucionan con trabajo, dinero, amor o hijos; los segundos son lejanos e irresolubles. Hemos incorporado a nuestra idiosincrasia la gran mentira de ser el oasis de los derechos humanos, la ética del mundo. Porque tenemos el dinero suficiente para dar limosna y acabar de limpiarnos la conciencia por si las palabras no nos bastan. Juzgamos al resto del mundo con la simpleza infantil de los ignorantes o los necios, olvidando que lo que ocurre además de ser una desgracia, es una consecuencia por ser unos desgraciados: el dolor no sólo está en la pérdida de la vida de cristianos blancos, sino también en los pueblos masacrados para abaratar las necesidades artificiales de esta burbuja que llaman primer mundo. Pero es más fácil ser víctima y exigir venganza.

Europa, cada vez más, me recuerda a Estados Unidos, aunque más pretenciosa.

Un regalo y un consejo

Nada de lo que ves aquí está latiendo en la raíz del mundo, es solo la cantidad de desesperanza que puede soportar tu corazón.

Este paisaje encharcado de mentiras, te permite amortiguar el vértigo de los relojes, respirar junto a la miseria de los hombres y sus heridas como colmillos, quizá, resistir la soledad o el aislamiento. Pero no olvides que esta alegría se caduca con cada palabra, y que mañana los abrazos serán ruinas irreversibles que volverán a llevarte al vacío.

Y empezarás de nuevo, por que tú, ya aprendiste a llorar.