Zozobra

Esta apatía que mancha

hasta el último rincón

de todas las cosas donde se extingue el pulso.

Esta duda persistente que hace

de los cimientos un naufragio de ruinas.

Y este amor

que hunde a la memoria

en una confusión sin brújula.

 

Es el aislamiento

con sus manos enfermas de árbol

el que construye puertas torcidas

o caminos como grietas ahogados.

Es la soledad en su vientre

la que preña de dunas y lágrimas

cada mentira o esperanza

que permite seguir viviendo.

Promesas

No sabrás de las lágrimas cosidas a mis bolsillos

cuando te abrace para dejar que me defiendas

y creas que tus besos son los pasos

o el último refugio para mis heridas.

 

No sabrás de los suspiros por verme en tu mirada

cuando llene tus ojos con los míos

y sólo quede un nosotros efímero

que consumamos cuerpo contra cuerpo.

 

Después,

como vencidos por la marea,

llegará el olvido

y nuestras horas quedarán

agolpadas y confundidas

en el sumidero de cualquier sábana.

 

La rutina será la juez

y dirá si estas caricias que todavía nos queman

merecen un horizonte nuevo

o una muesca en la culata del revólver.

 

Drama circular

Sé que el crepúsculo es un bisturí que desangra la oscuridad, pero la luz no sólo derrama la ilusión de un nuevo aliento, también escupe la agonía inesperada de la expiración.

Sé que el equilibrio es la herida por la que se escapan las mentiras que ciegan los espejos, y éstas son las madrigueras de las lágrimas que aguardan afiladas bajo la inocencia de la esperanza.

Sé que el corazón es un pozo que los años llenan de sombras y ecos, el demiurgo de todo este drama circular.

¿Dónde está la razón?

Podría afinar las palabras

con cada cuerda de un violín desesperado

y levantar el verbo como una espada de dos filos

que no dejara sombra de sed sobre la tierra.

Pero los laureles no están detrás de las lágrimas

de quienes envenenan la esperanza o la sangre,

sino acunados en los ojos sonrientes

de aquellos que esperan sin pedir dinero a cambio.

Porque la victoria nunca estuvo en la razón

sino en quienes te acompañaron en la derrota.