Tu imagen de ti

Echar el ancla en el halago reciente, en la amabilidad de ajedrez y milímetro, en todo ese humo desmembrado que no habla de ti, sino de lo que quieren de ti.

Decidir que la verdad es palabra, no cimiento, que eres la mejor versión de ti mismo por ti mismo, dejando paso a la ingratitud o la negación para izar tu orgullo de Narciso reflejado.

Pero olvidar es ignorar las grietas, no cerrarlas, y tarde o temprano acaban dando caza a la alegría, a todas sus mentiras. Entonces el mundo queda desnudo y la antifonía da comienzo.

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La ley de Ohm

Nos resistimos a admitir las evidencias, porque creemos que aquello que recordamos aún permanece. Y es que la memoria es solo una almohada que, a veces, mullimos con excusas para dar sentido al dolor o ahuyentar al remordimiento; una copia de seguridad, donde alimentamos la esperanza de poder volver a ser felices o el consuelo de haberlo sido.

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Pero la realidad es más testaruda que las mentiras y las certezas terminan por alcanzarnos: la rutina, el amor, la pérdida, los años. Y todos los imposibles.

Solo hay una pregunta importante sobre nuestra resistencia: ¿nos permite llegar a tiempo?

Nombres

Los nombres son la memoria de las cosas, pero no la prueba de su existencia. Porque hay cosas que, a pesar del silencio, se hunden hasta la empuñadura y despiertan una hemorragia de esperanza que anuncia que el vértigo es ya caída. Nombres que llegan a los labios después de encoger el corazón. Nombres como cáncer.

Cuatro décadas

A C.R.S.

Atrás quedan los días ordeñados de gritos y risas, la gente que dejó su silencio y nos limpió de lágrimas. Atrás, la explosión y torpeza de la juventud, la efervescencia de todo lo que duele y cura al mismo tiempo. Atrás, el olvido. Y tú, como quien abanica su belleza tumbada sol, a mi lado.

Mi silencio

Puedo luchar contra las dudas,

pero no contra el miedo.

No contra el tuyo.

Porque el miedo es una negación sin raiz,

una ceguera,

la huída para encontrar el dolor

que explica la libertad

de estas ruinas donde nos acomodamos.

Círculo y espiral, eco.

En frente,

la impotencia de unas manos desnudas

—las del otro—,

sin arma ni escudo,

la mudez o las lágrimas.

Aquí mi soledad, mi silencio.

Y mi amor.

Habla

A veces,

busco el nombre de las cosas

-tu nombre-,

pero no su verdad:

las certezas están llenas de desesperanza,

y yo quiero luchar,

hasta llenarme la boca de sombra,

por una mañana sin el eco de los crisantemos.

A veces,

tropiezo con su ausencia

-con la tuya-,

y las dudas secuestran a punta de lágrima

cada palabra dormida entre mis dedos.

Entonces la sangre

hace acto de presencia:

el futuro es el único silencio soportable,

pero no tu mudez ni mi esperanza.

No me importa desandar las heridas,

volver a perder años de brújula y norte,

porque no hay más camino que la derrota

y la deliciosa alegría o el bronce

en el cenit de su arco.

 

Arco iris roto

El 28 de junio quedó marcado oficalmente (Stonewall) como el Día del Orgullo para la comunidad LGTB+. Es un día para celebrar los derechos ganados, pero sobre todo, un día para reflexionar. Basta ya del 28J como una fiesta gaypitalista, como bien decía mi admirado Shangay Lily: una fiesta vaciada de significado que perpetua cánones heteronormativos sobre el colectivo LGTB+ a través del pinkwashing.

Como en todas las luchas sociales, todavía queda mucho camino por recorrer, y no es una frase hecha. En esta España de 2018, en la que la sociedad se llena la boca de palabras como respeto, tolerancia, igualdad y libertad, existen evidencias sangrantes, personales e institucionales, de que el colectivo LGTB+ (y por desgracia no es el único) sigue siendo castigado con violencia, con odio, con repulsa y con el peor de todos los enemigos: el silencio.

En lo personal, sigo asistiendo a bromas de amig@s sobre cómo son los maricones y cómo se comportan en el imaginario heteropatriarcal (amaneramientos, temas de conversación, perversiones, etc.), sobre cómo hay excepciones tolerables porque no son los maricones típicos (ya se sabe, esos que son, en el fondo, como las mujeres: locas, musculocas, muerdealmohadas, comepollas, etc.) o son lo suficientemente discretos para no avergonzarse de ellos (porque la pluma, por lo visto, es ignominiosa). Ofensas veladas en el marco de la confianza sobre segundos sentidos, terceras miradas y cuartas preguntas.

Quieren vendernos que hemos ganado, pero lo que están haciendo, es demoler el arcoiris.